Cuando existe una preocupación exagerada por algún defecto del físico y
este defecto es imaginario o, si existe, está completamente magnificado, podemos decir
que estamos ante una dismorfofobia (o trastorno dismórfico corporal).
Esta preocupación por la propia imagen llega a ser de tal envergadura que acaba afectando
de forma muy significativa a la vida social o, incluso, laboral. No hay que confudir este trastorno
con los que causan otros problemas mentales (por ejemplo, la anorexia nerviosa, donde lo que
importa es exclusivamente estar delgada).
Lo más habitual es que las preocupaciones con la imagen corporal tengan que ver con lo
siguiente: defectos del rostro, tamaño y forma de la cabeza, falta de cabello, acné y
otros marcas en la cara, arrugas, cicatrices, manchas vasculares, palidez o excesiva oscuridad
de la piel, enrojecimiento del cutis, hinchazones, asimetría o desproporciones corporales
y vello excesivo en la cara. Las personas con dismorfofobia también se preocupan por
la forma, el tamaño u otros aspectos de su nariz, ojos, párpados, cejas, orejas,
boca, labios, dientes, mandíbula, barbilla, mejillas y cabeza. No obstante, cualquier
otra parte del cuerpo puede ser igualmente motivo de preocupación (genitales, pechos,
nalgas, abdomen, brazos, manos, piernas, caderas, hombros, columna vertebral...). Además,
la preocupación puede centrarse en varias partes del cuerpo al mismo tiempo.
Lo habitual es que las quejas sean muy concretas (por ejemplo, mis labios son muy finos o están
torcidos, o tengo una nariz enorme), pero, en ocasiones, son poco específicas (por ejemplo,
me falta armonía en la cara).
A causa del malestar que provocan los supuestos defectos, las personas con difsmorfofobia suelen
aislarse y abandonan muchas actividades sociales. También pueden dejar de acudir al
colegio o a la universidad, o, incluso, dejar el puesto de trabajo.
Además, estas personas suelen evitar hablar con detalle de sus "malformaciones" y sólo
mencionan que son feos o que tienen defectos.
El sufrimiento que produce el supuesto defecto es muy intenso y los sujetos suelen describir
sus preocupaciones como "torturantes" y "devastadoras" para su vida. En general, son poco capaces
de dominar sus pensamientos al respecto. Como consecuencia, acaban pasando horas y horas dando
vueltas a su "defecto", hasta el punto de que estos pensamientos pueden llegar a dominar sus
vidas por completo.
Las personas con dismorfofobia también pasan mucho tiempo examinando con todo detalle
sus "defectos" y tratan de ocultarlos con maquillaje, ropas, sombreros o peinados especiales.
Habitualmente, solicitan de sus familiares o personas de confianza palabras tranquilizadoras,
pero estos comportamientos sólo parecen tener un efecto de alivio a muy corto plazo.
En aquellos que deciden "arreglar" su problema se observa invariablemente una peregrinación
por médicos especialistas tales como cirujanos plásticos, dentistas, dermatólogos,
así como un uso abusivo de productos de tratamiento estético (a veces, potencialmente
peligrosos). De acuerdo con distintas investigaciones la cirugía no soluciona el malestar
de los sujetos; por el contrario, a veces puede incluso empeorarlo.
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