Un trastorno que se ha extendido enormemente en los últimos años es la anorexia
nerviosa. Lo más característico de este cuadro es el rechazo a mantener un peso
corporal mínimo, un miedo intenso a ganar peso y una alteración significativa
de la percepción de la forma o tamaño del cuerpo. Además, las mujeres
que sufren este trastorno (la proporción de hombres que lo padecen no alcanza el 10%)
pierden la regla al cabo de un tiempo.
Aunque las anoréxicas restringen dramáticamente su ingesta de alimentos pasan,
en realidad, mucha hambre y piensan continuamente en la comida. Habitualmente, se convierten
en expertas sobre nutrición y conocen muy bien las valores calóricos de los distintos
alimentos.
Si la anorexia nerviosa se inicia en la niñez o en las primeras etapas de la adolescencia,
en lugar de pérdida puede haber falta de aumento de peso (esto es, como la niña
aún está creciendo, deja de ganar altura o peso). En las niñas prepuberales
la anorexia nerviosa puede retrasar la aparición de la menarquia (primera menstruación).
Existe un cálculo para establecer si una persona ha alcanzado un peso mínimo debido
al trastorno. En concreto, la chica debe tener un índice de masa corporal (IMC) igual
o inferior a 17,5 kg/m 2 . (El IMC se calcula en metros cuadrados, dividiendo el peso en kilogramos
por la altura). Por supuesto, este valor es sólo una orientación para el diagnóstico,
ya que para determinar el peso mínimo normal de un individuo, el profesional de la salud
debe considerar también su constitución física y su historia de peso previa.
Las anoréxicas suelen perder peso mediante una disminución de la ingesta total
(anorexia restrictiva). No obstante, en el inicio del problema se suele empezar sólo
por la restricción de algunos alimentos (aquellos que más engordan). Algunas
chicas se sirven también de otros procedimientos (como vomitar metiéndose los
dedos, usar laxantes y diuréticos, ponerse a hacer un ejercicio físico muy vigoroso
justo después de comer, etc.). Este tipo de comportamiento es más propio de las
anoréxicas no restrictivas que, de vez en cuando y por causa del hambre, se dan atracones.
Las anoréxicas tienen un miedo terrible a engordar y volverse obesas. Pero este temor
no desaparece pese a que estén tremendamente delgadas. Además, en la mayoría
de los casos las chicas afectadas presentan una distorsión a la hora de juzgar su peso
y su silueta corporal. Por eso, aunque se encuentran objetivamente muy delgadas se ven gordas.
Y aquellas que se dan cuenta de que están por debajo de su peso continúan preocupadas
porque algunas partes de su cuerpo (en especial, el abdomen, las nalgas y los muslos) les parecen
demasiado grandes y llenos de grasa.
Estas personas presentan una permanente atención a su cuerpo y continuamente están
juzgando su tamaño y su peso; utilizan la báscula de forma obsesiva, se miden
distintas partes del cuerpo, se contemplan en el espejo desde diferentes ángulos, se
prueban prendas de distintas tallas, etc.
La autoestima de las anoréxicas está en función de sus juicios sobre cómo
se ven ese día. Si han perdido peso gracias a su extraordinaria fuerza de voluntad y
han aguantado las tentaciones pueden sentirse pletóricas; en cambio, si se han “descuidado” y
no han resistido el impulso de comer se defenestran y autocastigan.
De entrada, casi ninguna persona con este trastorno tiene conciencia de enfermedad y, en consecuencia,
creen que pueden seguir así indefinidamente sin que suceda nada grave (incluso aunque hayan
perdido la regla, pasen un frío terrible o no tengan energía). Por eso, son los familiares
de la paciente los que la llevan al médico cuando se dan cuenta de su acentuada pérdida
de peso (o cuando observan que no gana peso). En cambio, la chica puede manifestar quejas somáticas,
problemas psicológicos, dificultades en los estudios o enfrentamientos familiares. Sólo
gracias a la ayuda profesional prolongada y a la intervención de familiares y amigos son
capaces de apreciar el problema en toda su magnitud y tomar medidas que cambien la situación.
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